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martes, diciembre 01, 2009


"I wish you had stayed for five more minutes...".

Tantos días encerrada y mi blog abandonado, en verdad no tengo excusa. Aunque si la influenza contara como una, la usaría. En resumen: tengo influenza A/H1N1, y estuve de claustro 7 días. De no ser por mi Celph amado que me pasó Mabi, me hubiera tirado por la ventana hace varios días. Te amo, Celphyrio! Eres el amor de mi vida (en Mabi… después de Ranald).

Y el resto de la casa no está mejor que yo. Mi pobre madre se cayó en la ducha, se rompió tres costillas, y está incapacitada por tres semanas. De pronto, me vuelvo vidente y veo muchas tensiones y malos humores en mi futuro cercano.

También descubrí cuál de las diez mil pastillas que me estoy tomando es la culpable de mi falla motriz, y la abandoné. Mira, que de por sí estoy mal, como para que venga esta píldora y me haga no poder tomar un lápiz. ¿Qué pretende?

Estuve reflexionando un poco más en lo que hablaba en mi post anterior. Ese sentimiento de exclusión, esa vacuidad necia. El momento preciso (y amargo) en el que uno comprende que hay cosas a las que nunca pertenecerá. Ya que se nos va el acerbo sabor de la boca, poco a poco, el entendimiento va siendo asimilado en un vaivén vinagroso y vago; lentamente, flemáticamente. Cada idea tosca (con púas), pasa por esa tráquea sensible y la raspa con una pachorra incomparable que dejaría apenados a los mejores quelonios. Creo que ahora estas espinosas han llegado a mi estómago, y se la pasan de lo lindo con mis jugos gástricos. Sé que eventualmente saldrán de mi sistema (esperemos que no tan lacerantemente como lo fue su recibimiento), pero me pregunto cuánto tardarán. Y ¿qué pasa cuando salen?

De momento, me distraigo con estos erizos. Pero sé que hay dinosaurios enormes con púas por todos lados… y los ignoro. Francamente, me dan miedo. No digo que los puercoespines actuales no me aterren; lo hacen. Hay días en que incluso comparo este miedo con aquellos sentimientos pubertos que creí haber dejado atrás. Esta semejanza no es coincidencia, ni tampoco lo es la enloquecedora similitud con las situaciones de ayer.

Veo la historia repetirse, pero esta vez con más mente y menos corazón. Analizo los resultados y comprendo el quebranto juvenil. Entiendo, desgarradora y finalmente, estas incógnitas que me persiguieron todos estos años. Quitarles la máscara fue tan elemental… y lo que vi causó una magulladura tremenda en mi corazón. Tan violenta y contundente, que me deja del mismo modo: indefensa y expuesta, tal como aquella vez.

Y, ya todos sabemos que cuando me siento expuesta, no razono, no manifiesto. Me refugio en palabras escritas que sería incapaz de leer en voz alta.

La diferencia hoy, es que aún al escribirlas, titubeo. Es un tartamudeo retórico y discreto; de no haberlo mencionado yo, el mundo jamás se enteraría. Pero decir (y escribir) las cosas sin pensar es una especialidad mía.


Oyendo: Intocable-- Aleks Syntek

miércoles, noviembre 18, 2009


"There was an immeasurable distance between the quick and the dead: they did not seem to belong to the same species; and it was strange to think that but a little while before they had spoken and moved and eaten and laughed".

¿Por qué tenemos la necesidad de pertenecer? ¿Por qué la seguridad de ser integrantes de algo es tan imprescindible? ¿Es naturaleza humana? ¿Es miedo?... ¿Es necesario?

Generalmente, no me preocupo por este tipo de cosas ya que crecí con mi propio espacio y estoy acostumbrada, de hecho, a no pertenecer a nada. Pero, recientemente, tuve una experiencia nueva con respecto a este tema.

La sinopsis dice así: vi una foto y me sentí no perteneciente. Esa insuperable sensación del entendimiento: que no importa lo que hagas, lo que digas, o lo que cambies, no perteneces ahí. Hay una barrera (bastante amplia, y quizá invisible) que, voluminosamente, se pone en tu camino. Y te das cuenta de que estás del otro lado. Estiras la mano, pero no alcanzas.

Ahora que recuerdo, ya había tenido una experiencia similar (¡esta memoria, caray!). El día que me gradué de prepa sentí este mismo vacío. Idéntica noción de oquedad. Como si todos se sonrieran entre ellos y yo: afásica espectadora.

Lo que nos devuelve a la pregunta inicial: ¿por qué? Esas dos palabras que me han acompañado toda mi vida y que en ocasiones han brindado maravillosas respuestas. ¿Por qué nos afecta no ser parte de algo? ¿A qué le tenemos miedo? ¿Qué precisamos de esta membresía? ¿Cuál es el propósito de esta urgente confirmación que exigimos a gritos?... ¿Es vanidad el no necesitar de esta revalidación? ¿Es todo un disparate?

Analgesia emocional, ¿dónde estás? Te necesito. Me puedo levantar sin tí, puedo seguir caminando sin tí... Puedo. De poder, puedo. Pero cómo duele.


Oyendo: A mis gatos corriendo.

martes, noviembre 10, 2009


"I no longer pretend to have my hands on the wheel".

Con un gato en mi regazo y unos dolores ocultos en lugares abstractos. El usual confort del ronroneo no me trae sosiego. Tengo tantas ganas de pedir perdón.

Perdón por ser vulnerable y padecer. Perdón por querer, perdón por pensar. Sobre todo por pensar… y por creer en los inventos de mi espíritu delirante.

¿Por qué le creo a esas insistentes ilusiones? No encuentro respuesta, y me vuelvo loca sin respuestas. Me desequilibrio, ineludiblemente. Oscilo entre lo que dije y lo que debí haber dicho, entre los recuerdos y las sensaciones, entre lo súbito y lo imprevisto. Todo flota en el infame hubiera. Maldito verbo muerto, nunca me dejas en paz.

Esta silente circunspección me está matando. Prudencia cautelosa, quieres salir corriendo y abandonarme, pero no puedes. Te tienes que quedar conmigo para recordarme que todo es un espejismo.

No paro de hacerme preguntas sin solución. ¿Es eso? ¿Es que no tengo solución? ¿Ya no hay nada qué hacer? ¿Es, acaso, que no tengo remedio?

Quisiera poder ser una persona simple… pensar que puedo ser una persona de esas que no tienen hilos para sujetar. Pero no soy ella.

Finalmente así es como es: no soy ella. No lo fui y no lo seré.

Apréndetelo, Emi, no fuiste, no lo eres y no lo serás. Memorízalo e ignora los desgarres silenciosos. Los mudos achaques de este corazón de pan aguado. Preténdete filósofa estoica y desecha estas doscientas cuarenta palabras taciturnas.


Oyendo: Chained to You-- Savage Garden

martes, octubre 27, 2009


"Pido perdón de la única forma que sé".

Pasan los años, y siguen pasando. Y con ellos, pasan etapas de mi vida indocumentadas en este, mi espacio. Esos años de silencio, esos huecos me han hecho una persona llena de secretos. Hoy miro mi vida y descubro cuánto de mí se esconde bajo la fachada. La verdad da un poco de miedo (pero no suficiente para abrir la caja de pandora).

Sigo siendo la misma, llena de dudas, preguntas, emociones. Pero la experiencia por fin pudo más que yo. Finalmente, todos tenemos secretos.

Los míos son profundos, escalofriantes y tal vez cómicos.

Hay momentos en los que analizo el curso de mi vida, y muero de miedo al ver el cambio radical que provoca el movimiento de una simple variable. Ya no es sencillamente seguir el camino que se tiene en mente, sino escoger dicho camino primero. ¿Quiero cambiar el actual?

Día a día, me levanto, me miro al espejo y no me encuentro. ¿Cómo se sobrevive cuando no se sabe quién es? Me siento cómo una libreta deshojada, sin espacio ya para ni una sola letra. ¿Qué hay después de eso?

Por la mañana quiero saber, por la tarde quiero correr, por la noche pienso que no me importa nada. Quiero decirte, quiero encontrarte, quiero buscarte, y encontrarte. Quiero que leas esto y algo en tu pecho te diga que me encuentres.

Pero, si vinieras a mi encuentro… abriría esa caja. Tengo miedo. Tengo dudas. Y, tengo tanto que dar.

¿Por qué? ¿Por qué soy esa eterna dadora complaciente? Te veo, y sé que te daría todo lo que me pidieras. Es una falla en mi carácter, un defecto de fábrica, una programación ineludible en mi cerebro. Te puedo decir todo lo que quieres escuchar, te puedo dar todo lo que quieres tener.

Pero, ¿y yo?

Yo quiero dar.



Oyendo: Devuélveme La Vida-- Ernesto D'alessio

miércoles, julio 08, 2009


"The trouble with jogging is that, by the time you realize you're not in shape for it, it's too far to walk back".


En tantos aspectos, es tan cierto.

Uno va por la vida creyendo que sabe a dónde se dirige, sólo para darse cuenta a mitad del camino que se está cansado y/o atorado, pero es demasiado tarde para volver atrás. ¡Quién pudiera regresarme esos días simples de infancia! Cuando arreglos florales eran junglas salvajes repletas de indómitas bestias fantásticas, las cuales indiscutible e incuestionablemente eran vencidas.

En aquel tiempo, cada vez más lejano, las cosas comunes eran voluntariamente transformadas en extraordinarias, y estaba todo bien. Incluso me atrevo a decir: feliz. ¿Hoy día? Pasa exactamente lo mismo (aunque involuntariamente), ¡y es un drama de nunca acabar!

Hogaño no sólo me peleo con hormonas (esquineras desvergonzadas). Encima de los ataques mensuales de las insolentes, tengo que lidiar con crisis de transición, mutaciones en mis gustos y disgustos, así como aprietos acosadores de incalculable magnitud. (Y digo “incalculable” porque no tengo ni la más casta idea de qué proporción tienen estos mentados teatros).

Por la mañana me he dado cuenta de que no he tenido más que pesadillas los últimos meses. Y cuando no son pesadillas… y, bueno, no son nada. Eso de ya no soñar de noche me preocupa. Espero que no se contagien de esta enfermedad mis sueños de día, porque me muero.

Me siento como esas veces que doblas una pierna y te das cuenta de que no era tan flexible como la recordabas ser. Sólo que no sé muy bien qué parte de mí se está endureciendo… y también me pregunto si es todo parte de un proceso natural, o si pasa algo malo conmigo.

¿Estaré lentamente convirtiéndome en adulta? ¿o en algo peor?

Ya lo he dicho mil veces, pero esto de las transiciones no es lo mío.


Oyendo: I Just Want You to be Happy--- Bonnie Pink

jueves, abril 23, 2009


"Sometimes your joy is the source of your smile, but sometimes your smile can be the source of your joy".


Hoy me encontré una foto mía con Dos Sílabas…

Algo me pasó, pero todavía no sé qué.

¿Qué me hiciste, Dos Sílabas? ¿En dónde enterraste lo que mataste en mí? Porque yo nunca lo encontré. Quiero parecer fuerte, quiero fingir que no recuerdo; pero esa cicatriz es ineludible. La veo en las mañanas cuando me levanto, la veo cuando me meto en la regadera, la veo en el espejo. Como si fuera una gran rajada a lo largo de toda mi cara, siempre recordándome aquéllo.

A veces, tengo ganas de escribirte con la mera intención de que sepas que una parte de mi murió por tu culpa. Pero dudo que seas capaz de sentir remordimiento.

Supongo que tu vida siguió siendo leída como estaba en el libro. Yo le tuve que arrancar páginas al mío. Recortar pedazos, remendando aquí y parchando allá; hasta que volvió la coherencia; hasta que la confianza sacó una pequeña mano de debajo de la tierra. Débil, temblorosa, insegura.

A lo que me hiciste no le encuentro nombre. ¿Destrucción? ¿Exterminación? ¿Menoscabo? ¿Estropicio? ¿Quebranto?

Hay veces que todavía busco, pero me quedé sin saber qué te llevaste.

Si nunca me quisiste, ¿por qué carambas no me lo regresaste?

Ah.

Claro.

Cómo olvidarlo, ¡era tu premio!

Seguramente lo pusiste en un estante junto a los otros.


Oyendo: Creamy & Spicy--Ai Otsuka

domingo, abril 19, 2009


"Finish each day and be done with it. You have done what you could. Some blunders and absurdities no doubt crept in; forget them as soon as you can. Tomorrow is a new day; begin it well and serenely and with too high a spirit to be encumbered with your old nonsense".


Felicidad. ¿No es, acaso, Felicidad?

No, creo que se llama Esperanza; como mi abuelita. Aquella persona que me gritaba a las cinco de la mañana y me preparaba mi desayuno antes de ir a la prepa. Mmmmm, nada como aquellos tacos de tortilla de harina con frijol.

¿Qué dices? ¿Qué la Felicidad es elusiva?

Y, me pregunto yo, ¿por qué todo el mundo dice que no puede encontrarla?

¿Por qué la buscamos? ¿Por qué no podemos simplemente verla, sentirla, serla, cantarla? ¡Pero, si es tan simple!

Hoy me toca ser feliz. A pesar de todo lo malo que hay (o puede haber, o habrá) en mi vida, hoy es uno de esos días en que nada me baja de mi nube. Voy, como Gokú, planeando en el cielo, haciendo figuras con mi nube voladora. Dichosa, revoloteando y saboreando esos recuerdos de harina y frijol.

En este día los problemas son irrelevantes. Que si veo o no veo, que si escucho o no escucho. Que me hable quien quiera, pero hoy nadie me baja de mi nimbo para contestar.

Escucho la lluvia afuera. No, más bien la huelo. Es el aroma del lodo, del parque y de aquellos días solitarios de infancia. Ja, ja. También es el olor a ese día que me quedé afuera, sin llaves. Y estoy segura que será el perfume de muchos días hermosos por venir.



Esperanza siempre juega con los otros niños; pero, pobre, es tan bajita que siempre pasa desapercibida.


Oyendo: Cheek to Cheek—Fred Astaire.

lunes, marzo 16, 2009


"The greatest friend of Truth is time, her greatest enemy is Prejudice, and her constant companion Humility".


Creamos o no en alguna entidad divina, es innegable nuestro lugar en el mundo. Habiendo millones de personas (en aumento a cada momento), ¿qué nos hace especiales?

Años y años luz en el universo; nosotros, comparados con la más pequeña de las estrellas no somos más que una pizca de nada. Vamos, que cualquier día nos muerde un perro y podemos morir, o perder un miembro. Qué digo un perro, simplemente cualquier bichito venenoso que nos pique y, o nos hinchamos, o nos morimos.

¿Qué son 70 años comparados con los miles y miles de años de historia documentada? Y muchos de nosotros no tenemos, o no llegaremos a vivir hasta los setenta. ¿Por qué nos damos tanta importancia?

Es verdaderamente humillante (por lo tanto: difícil) reconocer que no somos nada. De ahí que tan poca gente lo haga.

¿Qué pasa cuando te hieren el ego? ¿qué pasa si no eres perfecto? Francamente, nada. No se te cae un brazo, no explotas. Pero a nadie le gusta que le digan que está en el error. Y tampoco nos gustan las cosas que requieren esfuerzo, y nos pasamos la vida buscando la salida fácil a todo.

No es sencillo llevar una vida abnegada, rechazando al ego y a la vanidad… Son extremadamente persistentes y astutos. Nos hacen creer que somos incomparables, nadie como nosotros, no, señor. Pero no olvidemos que hasta una piedra (que no oye, no habla, no se mueve) nos puede matar, y ahí termina todo.

A final de cuentas, por nosotros mismos, no somos nada.

¡Qué declaración! Debo recordarla todos los días, preferiblemente por la mañana.



Oyendo: Happy Boys &Girls-- Aqua

viernes, febrero 27, 2009


"How can it be that we can say so much without words?".


Y, sin embargo, hay veces que las palabras son tan necesarias. Generalmente, me encuentro en una situación paradójica en la cual me urge expresar por medio de palabras algo que es irremediablemente inexpresable. Pero el cerebro, necio como él solo, sigue intentando encontrar esas palabras precisas.

Hoy es uno de esos días.

Las crisis emocionales (y, ¿por qué no decirlo?, financieras también) de hogaño le han dado un tono un tanto gris a mi pobre blog. Ya va siendo hora de que le pongamos más color al asunto.

En este día danzo, boyante. Dichosa y sorprendida como ese niño que se encuentra una moneda inesperada en sus bolsillos.

¡Una buena noticia! ¡Bienvenida sea!

Casi no la reconozco, con lo frecuentemente que me visitan sus primas; esas desagradables arpías a las que tanto les gusta pavonearse enfrente de uno, trayendo consigo sólo perfidia, víboras y drama.

¡Pero, que venga! ¡Que entre! ¡Démosle la bienvenida!

Y también las gracias.

¡Qué palabra tan corta para expresar tanto! No me caben la gratitud ni la alegría en siete letras.

Mi mente sigue tratando de encontrar más palabras, pero al final no me queda más que una: GRACIAS.

Realmente el que más se merece mis gracias es mi Dios, pero no hay que olvidar a los seres terrenales que también cuentan.

Y repito: GRACIAS.

Dancemos, pues.

¡Es momento de regocijo!


Oyendo: Una rumba por aquí—Gypsy Kings

viernes, febrero 06, 2009


"Something inside me called freedom came alive".


Asfixia emocional. Y, de pronto, luz al final del camino. La puerta de la jaula se abre. El primer paso hacia fuera siempre es el más difícil…

¿Está la jaula en el piso, o al primer paso que demos caeremos hacia lo desconocido? No hay manera de saber, pero hay que salir.

¿Por qué todo duele? Me encuentro con la conclusión de que no importa qué decisión tome, últimamente todas las consecuencias afligen. ¿Será una maldición? ¿Será aquello que denominan karma? ¿O será esa tremebunda palabra llamada adultez?

Bruscamente llega y no avisa; igual que el recibo del teléfono. Cuando menos acuerdas ya tienes veintitantos y se esperan de ti cosas. Los problemas pasados pierden importancia y son reemplazados por sus primos, nuevos y mejorados. Las decisiones comienzan a tener consecuencias graves, y el drama nunca termina.

Siempre he sido bastante obtusa para las transiciones. No se me dan muy bien, a decir verdad. Sólo me queda el consuelo de que todos pasamos por ellas… y así que digan qué gran consuelo, pues sinceramente no. Pero qué se le va a hacer.

Al final del día seguimos aquí, con los mismos problemas esperando para ser resueltos. Y no nos queda de otra más que, igual que el día anterior, intentar zanjarlos de una buena vez.

¿Qué le pasó a la soñadora de ayer? Esa ninfa alada que ruega por libertad, que suplica por un minuto de mente en blanco, que implora porque se le deje vivir… ahí sigue, afortunadamente. Un poco despachurrada, pero siempre ingenua, alegre, feliz. Hay tantas cosas por las que quiere bailar, ufana y dichosa. Es realmente una pena que esté prensada por tanta adultería (que no es lo mismo que adulterio). A veces, cuando nadie mira, sale y baila, y grita, y ríe.

¡Quién la viera, tan cándida!

Baila, princesa nereida, baila. Vuela en aquel torbellino de ensueño que nunca existió, pero que sigue allí.

Nada como la fantasía.


Oyendo: Live Forever—The Rasmus

lunes, enero 26, 2009


"I am falling, I am fading, I am drowning, help me to breathe".


Tengo un hambre de los mil diablos. Y también un hastío insoportable; ya no quiero nada.

Mientras le doy un sorbo a mi sopa misoshiru instantánea (por aquello de los mil diablos) me doy cuenta de que he llegado a un punto en el que no hay retorno. Un callejón sin salida… me he atorado.

Siendo el ave libre que siempre he sido, mi instinto es, naturalmente, salirme de este ambiente que perjudica mi bienestar. Emigrar a las tierras cálidas y alejarme del invierno que no deja crecer a las plantas. Pero, claro, como aparte de ave libre también soy un pan remojado, me duele el corazón por alejarme de las personas que se alojan en mi corazón.

Decisiones, decisiones. La vida está llena de ellas y yo las detesto. Siempre dejan al famoso verbo muerto en la cabeza de uno, y se queda ahí, atormentando.

Hoy siento que es mejor la opción A, pero mañana la B es tan tentadora. Pasado mañana las mando a las dos a la porra por C, y al día siguiente volvemos con A.

Ser inestable apesta como carroña de tres semanas.

¿Y si me voy lejos, lejos, muy lejos? Allá donde podré poner mis prioridades de regreso a donde deben estar; allá donde podré crecer en gracia y sabiduría. Allá, siempre allá y no aquí.

Me cuesta aceptarlo, pero como dice Mocedades: desde que tú te has ido, hay un rumor a invierno. Eres A de andamio, pero mañana estoy con B de biología. Ya no quiero nada.

Un día agarraré y me iré… y a ver quién me encuentra. Me duele hasta el astrágalo, pero lo más importante en mi vida está en juego; no lo pienso arriesgar. Y que Dios me acompañe (por favor).


Oyendo: El ruidito que hace el calentador.

jueves, enero 08, 2009


"We all have big changes in our lives that are more or less a second chance".


Este post contiene escritos que vagan por mi moleskine y que se me ocurrió postear. Sin más, helos aquí.
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Por los primeros de diciembre me preguntaba:
¿Les ha pasado que por mucho tiempo quieren algo y cuando por fin lo tienen ya no saben si lo quieren o no?

La naturaleza humana es demasiado voluble para mi bienestar mental. Me pone mal el hecho de que ya no sé si estoy segura. Ese “pensándolo bien” del demonio.

Pensé que sería fácil, antes las cosas pasadas no importaban (ni tampoco volvían para atormentarme). Ahora estoy toda confundida. Si esto se tratara tan sólo de un objeto, otra cosa sería. Pero se trata de una persona, como yo; con sueños, deseos y sentimientos. ¿Qué es lo que quiero? Me choca no saber. Odio la maldita confusión y detesto la indecisión con todo lo que tengo.

¿Qué pretendes, mente? ¿y por qué siempre estás peleada con mi corazón? ¿Qué quieren ambos de mí? No entiendo nada. Pero tengo miedo… aunque no estoy segura de qué es a lo que le tengo tanto pavor. ¿A Lastimar? ¿a que me lastimen? ¿al señor de los tamales oaxaqueños?

Dios, no sé qué estoy haciendo, ¡ayúdame, por favor! Ya no sé qué rayos. Y tengo mucho miedo; horror, incluso.
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Historias de aeropuerto. Tengo tantas.

En un ambiente lleno de susurros de multitudes, es difícil no tener (o crear) historias en torno a las criaturas que se encuentran en esta selva de maletas, retrasos y café.

Allá; veo que uno de ellos llora. Uno inicialmente asume que se trata de una partida dolorosa; pero la astuta criatura nos engaña, pues se ve llegar a su compañera y todo se revela en un abrazo mojado.
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Una memoria de agua; de esas que se escurren por todos lados y te ahogan en recuerdos mojados. Y se tardan mucho en secar, o nunca lo hacen. ¿Qué hacer? Si no se seca, ya ni la espera sirve.

¡Ojalá fuera una planta! Moriría y sólo queda la tierra, con la que puedes enterrar y continuar. Incluso tirar la maceta a la basura y olvidarte de ella para siempre. Pero ¿qué se hace con un montón de agua insecable? No hay más que moverla de un lado a otro, esperando poder olvidarse de su existencia, pero se sabe que nunca desaparecerá realmente. Y duele.

Nunca pensé que el agua podía doler.
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Escucho esa canción trillada que anuncia la llegada (y partida) del codiciado camión de los helados. Mi corazón salta y baila porque se sabe la tonada de memoria. ¡El camión de los helados, por fin!

De pronto, mientras bajo las escaleras, sucede algo en mis tripas. Antojo. Mi boca, acuosa, empieza a decidirse a que no tomará otro sabor que no sea mango.

Escalón tras escalón, el deseo aumenta; cada paso me acerca más. Sólo uno más, uno más, uno más.

No he abierto la puerta y ya lo estoy saboreando. Mmmm, se derrite en mi boca; un océano tropical de sensaciones maravillosas. Lo veo tan claro en mis manos, tan cerca.

Abro la puerta y embisto a la calle, como un animal salvaje. Música en crescendo, mi boca no soporta más.

-Me da un helado de mango, por favor.

-Lo siento, pequeña, pero ese ya se me terminó. ¿Quieres de otro sabor?

Shock. Negación. Quiero caer en mis rodillas, pero se niegan a ceder.

¿Ahora qué?
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Hay cosas que una siempre se dice que nunca hará. Para algunas es no cortarse el cabello, para otras es no volver a comer ese postre lleno de calorías; y para mí… bueno.

Mi naturaleza voluble me da unos corajes tremendos. Que si sí, que si no, que si ya no sé. Lo detesto, pero este odio no me da control, así que a final de cuentas sigo en la inestabilidad.

¿Cómo se quita uno la incertidumbre de encima? ¿Se la puedo aventar al de al lado? ¡Ojalá pudiera! Pero seguro el de al lado ya tiene su propia dotación.

¿Cómo deshacerse del no saber? O, por lo menos, de la desesperación que provoca. No importaría no saber nada si no nos desesperáramos por ello.

No puedo, no sé, no sé. Un revoltijo de emociones ha impregnado mis últimas semanas. Es como un potaje malvado siendo hervido por una bruja fea, con verrugas.

¿Por qué no pudo haber sido un caldito de pollo o una crema de zanahoria y calabaza? No. Tenía que ser ese estofado maloras. Y todo esto es sólo lo que me provoca el simple aroma que proviene del caldero. No quiero saber lo que pasará si algún día le doy un trago al menjurje. Probablemente explote, o se me caiga un brazo. (O ambas).

Una siempre se dice “No me voy a acercar a esa poción del mal”, pero ya con el vaso en la mano, las cosas son diferentes. Incluso imaginamos que no huele tan mal, podría saber bien.

Claro, nadie escucha a Pepito Grillo, y el pobre se desgañita los pulmones para que dejemos ese vaso en paz; pero no lo hacemos.

Igual que aquel doctor, nos tomamos el brebaje de un tiro. Ya está todo hecho.

¿Vuelta atrás?

¡Quisieras!

(La verdad es que yo también quisiera).
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Hoy no paro de escribir, tengo tanto que decir. Bueno, cabe especificar que no es tanto decir sino sacar; luego se me quedan atoradas las cosas y todos sabemos que eso no lleva a nada bueno.

Creo que también influye el hecho de que hace mucho que no escribía así, como vomitando. Se te sale todo, sin más. La verdad es que se siente bien; es casi liberador, pero los problemas siguen ahí, acechando.

Hoy pienso, no tanto en problemas sino en dudas (que realmente son problemas, pero llamémoslos ‘dudas’ para causar menor impacto emocional). Cosas que pensé que había dejado atrás, pero recientemente me di cuenta de que me han seguido secretamente todos estos años. Estas dudas ninjas ahora se abalanzan sobre mí, revelando su vigencia. Es verdad que uno nunca está realmente seguro de nada.

Te miré y dije cosas que eran tanto ciertas como falsas. Vi en tus ojos una añoranza, un algo que quería salir, pero se quedó atrapado. ¿Tendría caso dejarlo salir ahora? ¿podría volar libre? No, yo tampoco lo creo.

Pero aun sabiendo esto a ciencia cierta, no puedo dejar de preguntarme si tenía razón, si alguna vez adiviné esa añoranza elusiva.
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No paro de pensar; de ir de un lado para el otro. Que si derecha, que si izquierda. Voy y vengo, y no sé dónde quedarme.


Oyendo: El silencio de la madrugada… y mi tos.

lunes, diciembre 22, 2008


"My life got better, now I finally enjoy".


Hoy me dí cuenta de algo muy importante. Y ya sé lo que voy a hacer.
Prioridades han venido a tocar a mi puerta, demandando que las acomode.
Y lo acabo de hacer.

No más.
¿Me has oído?

NO MÁS.

Qué bien se siente.


Oyendo: Chica Yeye--Flans

martes, noviembre 25, 2008


"We breathe. We pulse. We regenerate. Our hearts beat. Our minds create. Our souls ingest. Thirty-seven seconds, well used, is a lifetime".


Es curioso como uno se siente casi obligado a escribir cuando las emociones lo abruman. Normalmente son emociones atribuladas. Me he dado cuenta, después de tener un blog por 6 años, que la mayoría de mis posts son como una rejilla de ventilación para mis aflicciones. Y me siento tan agradecida de tener este espacio. Qué tan público, o qué tan privado es; eso ya no lo sé. Y, francamente, me interesa poco.

En estos últimos días he estado muy abstraída. Los dedos de mis manos se despellejan de preocupación (un síntoma delator de mi inquietud). Muchas cosas me han pasado; la vida me aturde.

Recuerdo que alguna vez, quizá más de una, escribí acerca de la muerte. No es un tema que toco seguido, porque realmente no hallo mucho que profundizar en el término de una vida física.

No es la muerte en sí lo que me aterra. Si mi vida termina, pues sanseacabó; pero le tengo miedo a la agonía. A los meses y meses en hospitales, recostada sin hacer nada, con doctores picoteándote y drogándote. A eso no quiero volver nunca, y no se lo deseo a nadie, jamás.

¿No es, acaso, preferible una muerte indolora? En un caso ideal, se despide uno y se desvanece imperceptiblemente, sin suplicio alguno. Pero la realidad me golpea en la cara y me recuerda que el dolor es innegable.

Te extrañaré desmesuradamente, pero si has de partir, oro para que sea lo menos agonizante posible. Que no te quedes en ese estado moribundo; que te vayas pronto. Me va a ser muy difícil acostumbrarme a tu ausencia, pero sé que te volveré a ver. Los tiempos de Dios son perfectos.

Hace años no me pude despedir; continuamente me arrepiento por eso. Tengo esa migaja de quebranto atorada en la garganta, ese remordimiento atascado en el corazón. Y mi mamá no para con el reclamo. Pero esta vez no será así, porque voy a hacer todo lo que me sea posible para decirte hasta pronto.

Mi última abuelita se me va. Cómo duele.


Oyendo: Flight To The Ford—Howard Shone

miércoles, noviembre 19, 2008


"Hoy puede ser un gran día imposible de recuperar, un ejemplar único, no lo dejes escapar".


¡Qué difícil es decir las cosas! De alguna manera oírlas salir de mi boca es una pizca de perturbación y algo dentro de mí se alborota, se intranquiliza. Decir lo que uno siente es muy dificultoso. Se sale del corazón y va a parar al viento o sabrá Kaiosama a dónde.

Me puedo tardar segundos en sentir una emoción profunda, pero siglos para pronunciarla. Escuchar mis propias palabras afirmando lo que está en mis entrañas es algo que me estremece. No sé si sea miedo… muy probablemente lo es, pero no sé miedo a qué.

Usualmente lo escribo porque de algún modo tiene que salir, si no, estallo. Leerlo es una cosa, pero oírlo es otra. Y con mi propia voz… qué estrépito. Mi voz, titilante, intentando vocalizar emociones, tratando de emitir sensaciones. Es embarazoso e incómodo. AWKWARD.

Antes podía decir las cosas (aunque siempre he tenido problemas para expresar emociones), pero ahora tengo una maraña de traumas atorada en la garganta y no me permite hablar. Mi voz se atasca y mis ojos, que siempre han sido fácilmente intimidables, se llenan de fugas. Mi corazón aguado escurre. Vorágine confusa.

Quiero acostarme en un prado y mirar el cielo por horas.


Oyendo: Greensleeves—Dueto Jáuregui-Canto

domingo, noviembre 16, 2008


"Si mis ojos dicen 'Te quiero', no pidas a mis labios una explicación. Las palabras se las lleva el viento, y las miradas se las guarda el corazón".


Nunca en mi vida le vuelvo a escribir cartas a nadie. ¿Para qué? ¿Para dejarme expuesta en letras por siempre? Hoy me prefiero guardar todo y no confiar en nadie. Tortuga tiene razón.

¿De qué me sirve que me digas todo, si al final del día seguimos igual? ¿Por qué caracoles no puedo tener una vida normal? ¿Por qué, maldición, tengo corazón de pan remojado? He tratado de engañar al mundo, pero la verdad es que siempre he sido una tonta. Siempre confío, siempre caigo. Y me levanto, y confío y me vuelvo a caer. ¿Qué me queda hoy sino levantarme?

Algo dentro de mí sabe que muy pronto me voy a dar un catorrazo bárbaro. Lo veo venir, lo siento cerca. ¿Qué se hace después? Pues se soba uno y se levanta. El moretón estará ahí por un tiempo, pero luego desaparecerá. Dependiendo de la herida, puede que deje cicatriz, puede que no.

¿Contra qué compite una? Lo sé y no lo sé. ¿Con quién la comparan a una? Lo sé y no lo sé; y no lo quiero saber. Ya sé lo que viene. Creo saber en qué termina todo… ¿qué se le va a hacer?

Exigo un trueque. Mi corazón de pan remojado a cambio de un corazón de piedra. ¿Quién me lo cambia?


Oyendo: Romántico Incurable—Banda Pequeños Musical

miércoles, noviembre 12, 2008


"El azar es la metáfora perfecta".


Hoy me jugué el todo por el todo, y me cayó un veinte encima. Me aplastó como yunque.

Hay cosas que uno no puede entender a menos que esté solo. No puedo seguir en esta carrera en que me tiene la vida, por eso me voy a sentar en una banca hasta que sepa bien a dónde quiero llegar. Necesitaba un break, lo pedí y me fue dado. Soltera de nuevo, es la única manera en que puedo restablecer mi relación con Dios, que es la más importante para mí en esta vida. Cerca de Él, todo se esclarece. Esta incertidumbre de mi situación se puede transformar en un día claro de Abril.

Este hiatus me desestresa. Prefiero estar soltera a que me digas que no sabes cuándo estaremos juntos de nuevo. Me duele menos de esta manera, y mi salud espiritual puede sobrevivir.

Fuera de los hechos más recientes en mi vida, la necesidad de una relación normal y el suplicio de ver mi amor morir eran demasiada tortura. Sé que estás allá por mí, pero ¿de qué me sirve eso si el amor se me muere ahorita? ¿Cuál es el precio?... Necesito espacio, tiempo y una gran cantidad de chocolates. Tal vez alcohol.

Estoy exhausta. Las distancias son un calvario y se me acabaron las fuerzas. Debo parar, sosegarme, reponer energías. ¡Qué tormento! Me duelen todas las cosas abstractas posibles. Y, a la vez, otras se sienten liberadas. Es la mezcla de emociones más rara que he sentido en toda mi vida, y eso ya es decir algo.

Desbarajuste se queda corto. Barahúnda es poca palabra.

Tengo miedo, congoja, nervios, hambre, alivio, fatiga, sinsabor, quietud, guerra, consuelo, turbación, desahogo.

Hoy me toca estar desorientada y apabullada. Esperemos que mañana me toque algo mejor.


Oyendo: Para Que Regreses—El Chapo De Sinaloa